Volví de Japón con un concepto de amor diferente

Transito sin visa, llevar el equipaje e importante no olvidar las tres P: pisto (es un modismo en mi país y significa dinero), pasaje y pasaporte. No era la primera vez que viajaba, sin embargo era la primera vez que viajaba completamente sola. No estaba en mis planes viajar este año, no pensaba invertir en un viaje. Digo invertir, porque invertir en viajar siempre trae las mejores ganancias. Aunque muchos de los míos piensen lo contrario. Finalmente decidí viajar; el dinero se recupera, el tiempo no.

No tengo ninguna religión, sin embargo yo creo que todos necesitamos un “algo espiritual”,  en donde refugiarnos y encontrar paz. De manera que mi energía la encontré en la naturaleza, mi filosofía en el Budismo y mi paz en la meditación. Llevo con esta última práctica, al rededor de un año y quería aprender más (y sigo aprendiendo). Comencé a leer más acerca de la meditación Vipassana y el Budismo, así que primero consideré ir a la India. Investigué todo acerca de la meditación y el Budismo en la India. Pero decidí posponerlo. Espero no tardarme años en llegar. El Budismo surge históricamente en la India, pero en nuestros días su presencia ya no es mayoritaria, extendiéndose principalmente por el sudeste y norte de Asia. Su carácter no ritual, su poco apego a las tradiciones locales y la tremenda persecución hindú hicieron que el budismo no se afianzara en la India. Su desarrollo fue en la China y extendió al sudeste de Japón.  Sólo en Japón se ha revelado el mensaje puro de Buda. Esta tendencia japonesa a aceptar los hechos de la vida, además de reconocer el significado de la vida, ha hecho énfasis especial en el amor, bajo la forma de un espíritu de tolerancia. Así fue como comencé a inquietarme más por por el país del sol naciente.

Entonces ya tenía tres razones para viajar a Japón; en realidad eran cuatro pero fueron cumplidas sólo tres. La primera, quería aprender más sobre el budismo y visitar templos budistas. La segunda, quería meditar en un templo budista. Y la tercera, quería viajar en el tren Shinkansen por lo menos una vez en mí vida (quien sabe cuando volveré a Japón). La cuarta que no se cumplió, quería presenciar una ceremonia del Té vistiendo un Kimono.

Por lo anterior, aquí inician mis sentimientos, pensamientos y sensaciones sobre mi viaje a Japón. Realmente es una historia larga, así que la dividiré en dos partes. La parte I (que es este post), hablaré de mi preparación y los lugares que conocí en Japón. En el siguiente post, la parte II, hablaré sobre lo que aprendí del amor; y es que ésta última fue lo más importante para mí.

Tengo que decir que Japón fue mi primer gran viaje en absoluta soledad. En mi primer viaje, a pesar de ir sola, no iba del todo sola, pues iba con un grupo de latinos hacia el mismo destino: Viajar por Europa. Digamos que esas mismas personas estuvieron conmigo en todo mi viaje. Ahora era diferente, ahora no iba con latinos, no iba con un grupo, no iba con nadie. Iba absolutamente sola, al otro lado del mundo, con diecisiete horas de diferencia de mi país y sin saber absolutamente nada del idioma. Al principio no pensé en esos detalles ¡para nada! Estaba más concentrada en preparar mi viaje.

El doce de mayo hice el click de mi vida, compré el boleto de vuelo, no había vuelta atrás, me iba a Japón el diecisiete de septiembre. Entonces ¡ya! Ya comencé a compartir la noticia con mi familia y mis amigos, ya podía decir con seguridad ¡me voy a Japón! Veía fotos de los lugares que visitaría y no dejaba de emocionarme, sentía escalofríos por todo mi cuerpo. Y así, llegó septiembre y también el día. Unos días antes de partir comencé a sentirme diferente, las dudas salieron a la superficie y el miedo envolvió mi ser. Ahora ya no estaba segura de lo que hacía, es decir, comenzaba a tener miedo a lo desconocido, al cambio y a la soledad. Un día antes de mi vuelo estaba disociada, no dormí por esa noche, ni siquiera terminé de empacar. El día del vuelo me desperté temprano, pero no porque estuviera emocionada, sino porque la pena no me dejaba descansar. Terminé de empacar, revisé mil veces mis documentos y estaba todo listo, excepto yo. No dije nada, pues no quería preocupar a mi familia. Ellos me llevaron a comer para despedirme, yo fingía estar bien. Ya no me sentía emocionada, ya no quería irme, me asustaba la idea de estar en completa soledad en este viaje. Antes de ingresar al aeropuerto me ocurrió algo terrible, ¡olvidé mi pasaporte! ¡No lo encontraba! ¡Entonces entré en pánico! Imagine que si ese era el comienzo de mi viaje, no quería imaginarme el resto. Trataron de tranquilizarme, y finalmente llegó mi padre con mi pasaporte, ¡lo había olvidado en el carro! ¡Vaya que sí fue un acto inconsciente! Lo último fue: ¡No pierdas el pasaporte!

Entré con dudas y miedos, ya estaba sola, comencé a cuestionarme si había hecho bien en tomar esa decisión. Lo cierto es que los aeropuertos me dan nostalgia, y bueno, así me sentía en ese momento. A las 17:00 horas mi avión despegaba rumbo al lugar donde hacía escala: México. Debía esperar dos horas para mi próximo vuelo. Tenía que comenzar a socializar, así que conocí a un mexicano. Él se asombró cuando le dije que viajaba sola. Me advirtió de los peligros de una mujer que viaja sola. Lamentablemente esta es una sociedad violenta y machista. Él me acompañó hasta mi siguiente vuelo. No había vuelta atrás, a las 2:00 a.m. me despedía de este continente para dirigirme a Asia. Así que 19 horas después, vi el amanecer. El color violeta en el cielo era impresionante y yo no podía creer que ya había cruzado un océano. Me sentí agradecida por ver ese espectacular amanecer.

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Después de muchas horas de viaje, el piloto anunciaba el aterrizaje en Narita, siendo las 6:00 a.m. Mi mirada no se apartaba de la ventana, no podía creer que al fin estaba en Japón. Salí del avión y me temblaba todo, no entendía nada de japones y el Inglés es un problema para mí. Pasé por migración y me detuvieron por un largo tiempo, me sentía frustrada y con miedo, no sabía con exactitud por qué no me dejaban pasar, y no podía preguntarlo porque nadie hablaba español. Finalmente me dejaron pasar, así que pensé que esto había sido un error . En la salida me esperaba el servicio de transporte hacia mi hotel.  Salí del aeropuerto y la aventura apenas comenzaba. Quería hablar con alguien, pero el idioma era una barrera. Afortunadamente y casi puedo decir que por suerte (aunque no creo en la suerte), en el transporte donde viajaba de Narita a Shinjuku, conocí un italiano que hablaba español, y más aún, se hospedaba por una noche en el mismo hotel que yo. Me ayudó a registrarme; yo tengo problemas para expresarme en Inglés. Ya no me sentía tan sola. No había descansado nada, eran las 10:00 a.m. cuando llegue a mi hotel; estaba impaciente por recorrer el lugar. Salí a aventurarme sola por las calles de Shinjuku. No podía dejar de admirarme por la impotente ciudad, su tecnología de punta y su vida acelerada. Desde ese momento, comencé a conocer la generosa hospitalidad de los japoneses, y ahí comenzó a cambiar todo. Ya no me sentía sola, el miedo comenzó a disminuir, y empezaba a sentirme diferente.

En mi primera noche salí al balcón a escribir sobre lo que había sucedido y lo que sentí. Tenía una magnifica vista desde el piso ocho de mi hotel. A la mañana siguiente comenzaba la nueva aventura, y digo nueva porque está vez me sentía diferente, llena de luz, energía y confianza. Al llegar a la estación de tren me frustré nuevamente al estar frente a la máquina expendedora de boletos, no entendía nada, hasta que un joven japonés me ayudó. Entonces entendí que siempre habían personas generosas dispuestas a ayudar.

Al salir de mi zona, comencé a disfrutar de la naturaleza y la cultura japonesa, que combina su belleza imperial y natural. Visité los santuarios y jardines más importantes de la ciudad de Tokio. El santuario Meiji me impresionó con su arquitectura; que a pesar de ser reconstruido después de la Segunda Guerra Mundial, aún conserva un aire tradicional. Contemplé su impresionante puerta de Torii de madera de 12 metros, y alrededor un exuberante lugar pintado con flora estacional. El Palacio Imperial es uno de los grandes lugares escondidos de Tokio, que tiene un jardín japonés memorable lleno de flora. El Templo Senso-ji y la calle comercial Nakamise, me dejaron recuerdos coloridos, describen a la perfección la cultura japonesa. Todavía en Tokio, Ginza me deslumbró por el lujo de sus calles. Es una deslumbrante zona comercial de Tokio. También disfruté de un crucero alrededor de la Bahía de Odaiba en Tokio. Pagué por un almuerzo para apreciar una fantástica vista de Odabiba en el piso treinta y uno del edificio Shiba Yayoi. ¿Y qué puedo decir de Akihabara? Realmente no tenía planeado ir, pero conocí unos mexicanos que me convencieron de ir. No podía dejar de visitar esa ciudad caótica, con exposiciones relacionadas al mundo del manga y el anime. Bueno yo no soy nada fanática a eso, pero mis amigos mexicanos sí, así que ellos me enseñaron.

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Salí de la ciudad para dirigirme al majestuosos monte Fuji y Hakone. La vista en el mirador de Fuji fue espectacular, era como estar desde arriba de las nubes.  Tuve otro crucero  en el Lago Ashi. La mejor parte creo que fue el teleférico hasta el pico del Monte Komagatake; la vista fue impresionante. Hasta lo más alto se encontraba el santuario espiritual de Hakones Mototsumiya que se anida en la cima de la montaña. Subí por primera vez al tren de Shinkansen y viaje a Nikko. Nikko está situado entre bosques ondulados, donde aprecié las primeras hojas del otoño. Nikko es el lugar perfecto para explorar el poderoso poder de Shogunato Tokugawa, esta ciudad tiene la belleza natural más inspiradora de Japón. Toshogu es uno de los sitios importantes del Patrimonio Mundial del País, se puede observar las tallas legendarias de los santuarios y templos; lugares donde inicié mi meditación. Un símbolo de Nikko es el lago Chuzenji que fue creado por una erupción de Mt Nantai. Pasé el tiempo de meditación más gran grande, la paz y tranquilidad circulaban en todo mi ser. Viaje también a una de las tres grandes cascadas de Japón, Kegon Falls. ¡Cae una impresionante cascada de 97 metros de altura! Ahora tengo imágenes increíbles grabadas en mi mente, fue un espectáculo inolvidable. Con más de 1.000 templos budistas, fui a visitar la antigua capital de Japón, Kioto. Viaje a la velocidad del rayo en tren bala, el tren Shinkansen. El panorama del recorrido me dejaron con suspiros el alma. Es sorprendente la exactitud del tiempo de viaje en este tren. Fue el mejor momento que tuve para escribir. La inspiración sobrepasaba todo mi ser, no podía dejar de escribir lo que veía y sentía. Finalmente llegué a la antigua capital para visitar muchos templos y palacios, para meditar y aprender sobre el amor. Nijo Castillo es un patrimonio de la Humanidad, cuyo estilo extravagante y con sublime jardines están obligados a impresionar a cualquiera. El Templo de Kinkaku-ji conocido como el Pabellón de Oro por su brillante exterior, y el Palacio Imperial de Kioto fueron los templos que más me impresionaron. Pude disfrutar de un recorrido por la finca que data de la época de Edo. Templos, santuarios y palacios, fue así como encontré el significado del amor. Kioto me sorprendió de principio a fin.

Sentí felicidad, nostalgia, soledad, pero sobre todo sentí paz.  Es como si hubiera vivido un sueño, de historias casi infinitas, pero son mis historias las que ahora escribo.

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En este viaje tuve la compañía de personas maravillosas, pero también aprendí amar cada momento de mi soledad. En este viaje crecí espiritualmente y tengo la certeza que soy un alma libre que anhela más experiencias.  Las despedidas siempre son tristes, me fui despidiendo de cada persona y también del lugar que me hizo reflexionar, meditar y madurar. Empaqué no sólo mis cosas, sino también recuerdos y anécdotas que tatuaron mi corazón.

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Mi filosofía

¿Cuál es mi filosofía de vida? 
Me he preguntado.
Lugares que quiero conocer.
Personas que quiero conocer.
Fronteras que deseo atravesar.

Creo que finalmente encontré mi filosofía de vida:
¡Viaja más! Y cada vez más lejos. Viaja sola y sólo después viaja acompañada.
¡Camina y camina! Cánsate los pies, gástate los zapatos y recorre el mundo.
¡Y en cada viaje enamórate! De los olores, colores y sabores, del ruido y del silencio, de la compañía y la soledad, de la cultura, el idioma y las personas; enamórate del caos. 

¿De qué se trata esto?
Quiero cruzar fronteras y salir de la pequeña esquina que ocupo.
Quiero conocer a este mundo que llamo hogar.
Quiero… Conocer y conocerme.
Encontrar y encontrarme.
Extrañar y extrañarme.
No sé exactamente a dónde iré, excepto que quiero ir a todas partes.
Tengo miedo de irme, tengo miedo de quedarme, pero tengo más miedo de no intentarlo.

Querida yo a los veintialgo de años….

¿Te olvidaste de la promesa?
¿A qué le tienes miedo?
¿Por qué las excusas?
Dime, ¿Qué has hecho?
Aferrate al plan. Cambia la estrategia pero no cambies es el plan.
Tu alma pide a gritos ser libre.
Una vez bastó para saber que ibas a continuar.
Entonces,  ¿Te lo vas a perder?
Nadie dijo que fuera fácil.
Porque si fuera fácil cualquiera lo haría.

[ESCRIBIR, PARA NO MORIR] — Memorias de una princesa

Escribir, para dejar constancia de que he vivido. De que he vencido, pero también he fallado. De que, como cualquier ser humano, yo también me angustié. Escribir, para dejar volar los sueños en mi cabeza. Y ayudarles a llegar tan lejos cuanto puedan llegar… Escribir, para aliviar los daños. Para recuperar la sonrisa. Para suspirar, loca […]

a través de [ESCRIBIR, PARA NO MORIR] — Memorias de una princesa

Un nuevo día

¿Estoy lista para un nuevo día?
Aprendí a meditar y a perdonar.
Cada letra, cada verso fue tallado aquéllo que anduve cargando en el pecho.
Sé que lo nuestro fue una virtud en su momento. O fue más mío que suyo.
Hoy quiero agradecérselo y continuar.
Hoy quiero dejar que el tiempo me haga volar en otras alas.
Hoy quiero bailar con este nuevo son.
Hoy quiero cantar para que se alivie mi ser.
Hoy quiero regalarle mi cariño a este nuevo día.
En el interior se reconstruyen pedacitos de mí.
Y agradecer este nuevo día que me alejó de aquélla estación.

Preguntas sin respuestas

Qué caprichoso ha sido el tiempo y qué caprichosa he sido yo también.
¿Nos volveremos a ver?
Después de hoy, ¿Qué seremos?
Durante este tiempo en silencio, ¿Sigue pendiente?
Al leerme otra vez , ¿Qué pasó?
Desde ese día hasta hoy, ¿Qué ha sido?
Al ser mañana, ¿Se ha preparado?
Dentro de sí, ¿Has considerado ir?
Al estar ahí, ¿Qué pasará? 
Mientras pasa el día, ¿Ríe como idiota porque imagina mil tonterías?
Me golpea el corazón acelerado.
Qué caprichoso ha sido el tiempo y que caprichosa he jugado.
He decidido concluir el viaje.
Necesitaba sentirme libre, sin ataduras y reproches.
No fue fácil romper el silencio.
Entonces, ¿Concluimos el viaje capricho mío? 

Todo o Nada

Son horas las que me separan para que esta tormenta se haga historia.
Mientras yo trato de desahogar con letras lo que no puedo pronunciar con lengua.
Es cliché decir que no existen palabras para describir un sentimiento, pero me atrevo a utilizarlo porque ¡vaya que es cierto!
Esta cuesta se inclinó demás, y ha sido difícil su travesía. Y es que aún no ha finalizado.
No ha sido fácil ni tampoco entretenido.
Quiero regresar y tener las letras justas para escribir su desenlace, pero ahora me atemoriza saber cuál vaya hacer.
No hay retorno… no hay intermedio.
Es dicotómico.